Los sueños están para cumplirse



domingo, 17 de julio de 2011

Easy.


Parecía fácil vivir con ello.
O, más bien, vivir sin ellos.
En ocasiones, los celos pueden jugarte una muy mala pasada y quizás con ella, Estella lo hizo.
Por mucho que haya pasado, por mucho que le haya hecho sufir, por mucho que le haya dolido, si tuviera una segunda oportunidad, volvería a vivir lo mismo de una manera diferente, sin enfados, sin discusiones, tener la vida de antes, poder recordar cada una de las cosas que han pasado por su vida.

- Take it easy! - susurró, mientras echaba un vistazo a aquellas cosas que un día la hicieron reír y, a día de hoy, no podía parar de llorar.

Raquel Coello.

sábado, 16 de julio de 2011

Enjoy.


Sí, Estella deseaba con todas sus fuerzas disfrutar de su verano, no parar en casa, salir a las fiestas sin pensar en sus padres, en conclusión, ser feliz.

Contaba los días para perderlos de vista.
A esas personas que le estaban amargando la vida, a esos que no reconocían sus méritos, a esos que hacían que se hundiera en lo más profundo sin tener fe para levantarse y seguir adelante.
Quedaban veinte días exactamente para que esto ocurriese, un mes para desconectar y pensar qué es lo que realmente desea en esta vida.
La cosa más insignificante, para ella, puede ser lo más importante, lo más pequeño le molesta y, sin pararse a pensar, lo dice todo, sin importar si la gente puede llegar a sentirse bien o mal.

-¿Por qué me ocurre esto? - pensaba, con miedo en sus ojos.

Una única palabra surgía en su cabeza, o quizás dos.

Recuerdos y Ella.


Raquel Coello.

She.

Siempre he pensado que hay mucha gente que ignora lo que realmente es querer a alguien, no el hecho de decirlo, si no de saber demostrarlo.

Decir "te amo" va mucho más allá, demasiado para expresarlo con palabras y, a veces, al oírlo, o al leerlo, me enerva, es una palabra muy fuerte para decirla así porque sí, una palabra que muy pocas personas se merecen.
Tengo la suerte de poder decirla con boca grande a muy pocas personas, esas que se pueden contar con los dedos de una mano, justamente, y, ¿quieren saber por qué? Porque al verlas me sale esa sonrisa tonta, porque algo en mi interior me dice que hago lo correcto, que esas personas a pesar de todo estarán junto a mi hasta el fin de los días, cuando el cielo se oscurezca y no sea capaz de encontrar el camino de regreso a casa, porque esas personas han formado parte de mi vida y seguirán haciéndolo siempre, porque cuando yo hago una promesa la cumplo, a pesar de las diferencias y de los malos acontecimientos, de los no esperados.
Todo cambia tan deprisa que, la mayoría de las veces, ocurre sin darte cuenta. Y de un momento a otro, el tatuaje invisible que impregnaba mi dedo, el corazón, desapareció, dejando atrás todas las promesas que una vez nos hicimos, haciendo de cuenta que nunca existió, que nada valió la pena.
Se acabó.
Se acabó para siempre.