Los sueños están para cumplirse



viernes, 22 de abril de 2011

Duele.


- Venga, ¡vuelve a contarme esa historia!
- ¿Qué historia?
- La historia de cómo engañé a mis recuerdos para creer que lo había olvidado para siempre.

Estella, después de dos años, había vuelto a recordar cómo la distancia los había hecho más fuertes cada día desde su partida, el sonido de su voz, el color de sus ojos, su sonrisa.



Raquel Coello.

Estella.

La vida da muchas vueltas.
Hay que haber vivido en su piel para saber qué es lo que realmente siente.
Sus ideas, sus pensamientos eran suyos, solo suyos.
Nadie sabrá nunca nada más de lo que muestra por fuera.
Tiene miedo.
Miedo al rechazo, al no tener el suficiente valor para continuar.
Demasiados problemas en poco tiempo, y tan poco.
Estella ya no sabe qué hacer, ve que su vida, la que tanto había esperado, se va marchitando poco a poco.
Marina decía que, era probable que, en un futuro, solo recordemos lo que nunca sucedió.
- ¡Ojalá me ocurra esto a mi! - deseó Estella con todas sus fuerzas.
"Cuando te paras a pensar si realmente quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre."
La sombra del viento.


Raquel Coello.

Ella.


Llegaron, estaba lleno de gente, la vio.
Lo cogió, sin miedo, tenía que hacerlo.
Caminó hacia ella, con la cabeza girada y sí, para qué negarlo, iba a la defensiva, pero cuando levantó la vista, a escasos pasos de ella, sus miradas se cruzaron.
y sí, sintió como si nada hubiera pasado.
Se dirigieron dos palabras, no hacía falta nada más.
Estella se giró, no sabía si correr a abrazarla o no volver a verla nunca.
-¡Ten cuidado, Estella! Ya nada es lo que parece.


Raquel Coello.

Soñar.


Quizás no esté tan lejos.
- ¡Sí, queda poco, venga, Estella, tú puedes!
Unos pasos más y Estella habría llegado a cumplir su sueño.
Pero no, no todo podía ser tan fácil.
Estaba cansada, sentía que no podía más, ya no le quedaban fuerzas para continuar.
Se descalzó, quería sentir la arena bajo sus pies, atardecía.
Tenía miedo, miedo de que eso que tanto ansiaba no fuera lo que esperaba.
Decidió esperar.
- Quizás no esté preparada -, pensó.
O quizás ya era demasiado tarde.


Raquel Coello.

Él.


Estella no sabía qué decir, cómo
actuar o qué pensar.
Todo había cambiado en un
espacio demasiado corto de
tiempo, tanto que casi sucedió
sin darse cuenta.


Raquel Coello.

Siempre.


- Prométeme que nada cambiará, prométeme que esto será para siempre.
+ Te lo prometo.
- ¿Y si las cosas cambian? Tengo miedo a perderte.
+ Sé fuerte, no tengas miedo, nunca me apartaré de tu lado, pase lo que pase.


Raquel Coello.

Siempre.


Un prado.
El sol se pone.
Dos personas.
Él.
Y yo.
Nos miramos sin decirnos nada.
Con eso es suficiente.
Contigo es suficiente.


Raquel Coello.

Mi lugar favorito en el mundo.


- Mi lugar...
- ...favorito en el mundo, ¿verdad? ¿Otra vez esa historia?
- ¿Te la he contado ya más veces?
- Aproximadamente un millón de veces, pero no te preocupes, nunca me canso de escucharla.
- Empecemos, entoces.
"Una playa, arena blanca, a punto de atardecer, andaba descalza mientras la arena rozaba mis pies, un vestido blanco como la nieve, de velo se alborotaba a causa de la brisa marina, mi cabello castaño ondeaba según daba pequeños pasos antes de llegar al ansiado destino.
Pensaba.
Pensaba que todo acabaría pronto, la vida me había jugado una mala pasada, y ya no me apetecía seguir.
Continuaba caminando.
Todo había cambiado desde que había estado allí por última vez.
Había dejado mis sueños atrás, había dejado de sonreír, me había rendido después de haber luchado tanto, me había perdido a mi misma.
Pero, una puerta apareció ante mi. Llevaba mi nombre grabado en una estrella de oro. ¿Sería ese mi destino?
Me acerqué, aún con el miedo de ignorar lo que escondía. La abrí lentamente con los ojos cerrados.
Oía ruido, un ruido familiar, gritos de júbilo y de alegría, gritos de pasión, de descontrol.
“Es hora de cumplir tu sueño”
Había llegado a dónde siempre me habría gustado llegar. A mi lugar favorito en el mundo"
- Estar encima de un escenario.


Raquel Coello.

Estamos juntos en esto.

La tenue luz del amanecer me hizo cerrar los ojos aún más fuerte intentando adaptarlos a ella. ¿Dónde estaba?, pensé.
Toqué, con mis manos, el suelo bajo mis pies, "Arena...".
La brisa marina me rozó la cara y el olor y el chapoteo del agua hizo despertar el resto de mis sentidos, ¿qué hacía allí?.
No había nada más alrededor, solo yo.
Me levanté, aún preguntándome cómo había llegado allí cuando una avioneta zurcó el cielo llevando una pancarta que decía: "¡Estamos juntos en esto!"


Raquel Coello.

Lost.

- Hace tiempo que no me cuentas ninguna de tus historias. ¿Por qué?
- Ya no me apetece escribir.
- ¿Cómo? Eso es imposible, es tu vida, lo que te hace sonreír, lo que te gusta compartir.
- No, ya no lo es.
- Explícate.
- Lo perdí, lo perdí para siempre.



Raquel Coello.

martes, 19 de abril de 2011

Remember.


“¡Tengo miedo!”, le dijo, “¿Miedo de qué?”, contestó él, “De perderte, me gustas, mucho, y tengo algo dentro que me dice que quizás me esté enamorando de ti, y no es lo que quiero".
No fue todo lo que le gustaría haber dicho, pero sí lo que se atrevió a decir, a veces, en pocas palabras se puede decir mucho más que con un gran testamento.
“¿Enamorarte?, no, no, tú a mi también me gustas, eso no lo puedo negar, pero enamorarme nunca, sería diferente si, al menos, viviésemos en el mismo lugar.”
Sintió, de repente, que su nudo cambió de lugar, ahora su posición era la garganta.
No sabía qué decir, sí, eso no era lo que realmente quería oír, esperaba algo más de aquel momento vivido, esperaba un…” ¡Te esperaré! Y, si quieres luchar, lucharemos juntos hasta el final”, pero no, no sucedió, no todas las historias pueden tener finales felices y esta, no es una de ellas.

Esas fueron las últimas palabras que cruzaron, las últimas miradas, antes de prometerse a sí misma que nunca volvería a verle, que no lo volvería a llamar, que lo borraría para siempre de su vida.
Recogió su habitación, preparó su maleta, ¡era la hora de volver a casa!, lo que más deseaba del mundo en aquel momento.
Lo que vivió aquel verano marcaría su vida para siempre, pensó, al menos, por un momento que él era el chico esperado, que duraría siempre a pesar de la distancia que los separaba, pero no, al parecer no.
Creyó vivir un cuento de hadas aquellos doce días, desde el primer momento hasta el último, pero, sinceramente, no estaba preparada para volver a mantener otra relación a distancia, duele, mucho, y ya era hora de dejar de sufrir, para siempre.


Raquel Coello.

Remember.



Con lágrimas en los ojos, ella caminaba calle arriba absorta en sus pensamientos, sin nada más que su nombre en la cabeza.
Buscó desesperadamente su iPod en el bolso, sin lugar a dudas ¡necesitaba escuchar su canción!, lo único que conseguía calmarla una y otra vez. No lo encontró, paró unos segundos y, seguidamente, comenzó a tararear mientras la gente paseaba alrededor de la caja de cristal que acababa de envolverla.
Ese nudo en el estómago continuaba latiendo, como si quisiera salirse de él.
Llegó a casa y, como de costumbre, no pudo abrir la puerta, llamó, abrieron y, sin pronunciar si quiera una palabra, corrió al ordenador, ¡necesitaba desahogarse!, y así lo hizo.
"Tanto para nada, tanto por nada", recordó. Tenía ganas de llorar, de gritar a los cuatro vientos que su vida no tenía sentido, tenía ganas de volver a casa aunque su corazón le pedía quedarse. Esta vez le hizo caso a la razón, "¡Ya basta de tanto corazón! ¿No he sufrido suficiente ya? Es hora de cederle el turno a mi mente y a mi razón."
Estella lloraba.
Lloraba sin parar, no podía creer que le hubiera vuelto a pasar. Su vida se redujo, en cuestión de segundos, al tamaño de una miga de pan, hasta que, casi sin darse cuenta, él le habló.


Raquel Coello.

Remember.


Estella nunca había vivido una despedida, no había tenido esa oportunidad o, quizás, desgracia.

Su largo cabello castaño ondeaba según daba pequeños pasos a un ritmo suave, jugueteando con una traba que encontró en su pantalón.
Todo, en su mente, parecía borroso, como si nada de lo que ocurrió aquel verano hubiera sido real o, más bien, como si no acabara de terminar.
Subió calle arriba pensando en aquel adiós tan poco deseado, tan extraño, sin apenas sentido. "¡Pásalo bien!", le dijo, y ella, por dentro, con un nudo en el estómago, consiguió decir: "¡Tú también!". Se giró y decidió no mirar atrás, arrepintiéndose más tarde de no haberle dicho lo que realmente sentía y no haber vuelto a clavar sus ojos en él.
"¿En tan poco tiempo se puede enamorar una persona?", "¿En tan poco tiempo se puede llegar a pensar que dónde estaba nunca fue su lugar?", se preguntaba mientras se paró a observarse en aquel espejo por última vez.

Raquel Coello.