“¡Tengo miedo!”, le dijo, “¿Miedo de qué?”, contestó él, “De perderte, me gustas, mucho, y tengo algo dentro que me dice que quizás me esté enamorando de ti, y no es lo que quiero".
No fue todo lo que le gustaría haber dicho, pero sí lo que se atrevió a decir, a veces, en pocas palabras se puede decir mucho más que con un gran testamento.
“¿Enamorarte?, no, no, tú a mi también me gustas, eso no lo puedo negar, pero enamorarme nunca, sería diferente si, al menos, viviésemos en el mismo lugar.”
Sintió, de repente, que su nudo cambió de lugar, ahora su posición era la garganta.
No sabía qué decir, sí, eso no era lo que realmente quería oír, esperaba algo más de aquel momento vivido, esperaba un…” ¡Te esperaré! Y, si quieres luchar, lucharemos juntos hasta el final”, pero no, no sucedió, no todas las historias pueden tener finales felices y esta, no es una de ellas.
Esas fueron las últimas palabras que cruzaron, las últimas miradas, antes de prometerse a sí misma que nunca volvería a verle, que no lo volvería a llamar, que lo borraría para siempre de su vida.
Recogió su habitación, preparó su maleta, ¡era la hora de volver a casa!, lo que más deseaba del mundo en aquel momento.
Lo que vivió aquel verano marcaría su vida para siempre, pensó, al menos, por un momento que él era el chico esperado, que duraría siempre a pesar de la distancia que los separaba, pero no, al parecer no.
Creyó vivir un cuento de hadas aquellos doce días, desde el primer momento hasta el último, pero, sinceramente, no estaba preparada para volver a mantener otra relación a distancia, duele, mucho, y ya era hora de dejar de sufrir, para siempre.
Raquel Coello.
“¿Enamorarte?, no, no, tú a mi también me gustas, eso no lo puedo negar, pero enamorarme nunca, sería diferente si, al menos, viviésemos en el mismo lugar.”
Sintió, de repente, que su nudo cambió de lugar, ahora su posición era la garganta.
No sabía qué decir, sí, eso no era lo que realmente quería oír, esperaba algo más de aquel momento vivido, esperaba un…” ¡Te esperaré! Y, si quieres luchar, lucharemos juntos hasta el final”, pero no, no sucedió, no todas las historias pueden tener finales felices y esta, no es una de ellas.
Esas fueron las últimas palabras que cruzaron, las últimas miradas, antes de prometerse a sí misma que nunca volvería a verle, que no lo volvería a llamar, que lo borraría para siempre de su vida.
Recogió su habitación, preparó su maleta, ¡era la hora de volver a casa!, lo que más deseaba del mundo en aquel momento.
Lo que vivió aquel verano marcaría su vida para siempre, pensó, al menos, por un momento que él era el chico esperado, que duraría siempre a pesar de la distancia que los separaba, pero no, al parecer no.
Creyó vivir un cuento de hadas aquellos doce días, desde el primer momento hasta el último, pero, sinceramente, no estaba preparada para volver a mantener otra relación a distancia, duele, mucho, y ya era hora de dejar de sufrir, para siempre.
Raquel Coello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario