Con lágrimas en los ojos, ella caminaba calle arriba absorta en sus pensamientos, sin nada más que su nombre en la cabeza.
Buscó desesperadamente su iPod en el bolso, sin lugar a dudas ¡necesitaba escuchar su canción!, lo único que conseguía calmarla una y otra vez. No lo encontró, paró unos segundos y, seguidamente, comenzó a tararear mientras la gente paseaba alrededor de la caja de cristal que acababa de envolverla.
Ese nudo en el estómago continuaba latiendo, como si quisiera salirse de él.
Llegó a casa y, como de costumbre, no pudo abrir la puerta, llamó, abrieron y, sin pronunciar si quiera una palabra, corrió al ordenador, ¡necesitaba desahogarse!, y así lo hizo.
"Tanto para nada, tanto por nada", recordó. Tenía ganas de llorar, de gritar a los cuatro vientos que su vida no tenía sentido, tenía ganas de volver a casa aunque su corazón le pedía quedarse. Esta vez le hizo caso a la razón, "¡Ya basta de tanto corazón! ¿No he sufrido suficiente ya? Es hora de cederle el turno a mi mente y a mi razón."
Estella lloraba.
Lloraba sin parar, no podía creer que le hubiera vuelto a pasar. Su vida se redujo, en cuestión de segundos, al tamaño de una miga de pan, hasta que, casi sin darse cuenta, él le habló.
Raquel Coello.
Ese nudo en el estómago continuaba latiendo, como si quisiera salirse de él.
Llegó a casa y, como de costumbre, no pudo abrir la puerta, llamó, abrieron y, sin pronunciar si quiera una palabra, corrió al ordenador, ¡necesitaba desahogarse!, y así lo hizo.
"Tanto para nada, tanto por nada", recordó. Tenía ganas de llorar, de gritar a los cuatro vientos que su vida no tenía sentido, tenía ganas de volver a casa aunque su corazón le pedía quedarse. Esta vez le hizo caso a la razón, "¡Ya basta de tanto corazón! ¿No he sufrido suficiente ya? Es hora de cederle el turno a mi mente y a mi razón."
Estella lloraba.
Lloraba sin parar, no podía creer que le hubiera vuelto a pasar. Su vida se redujo, en cuestión de segundos, al tamaño de una miga de pan, hasta que, casi sin darse cuenta, él le habló.
Raquel Coello.
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