Olía a Navidad.
Caminaba sola con sus pesados libros en los brazos, metida de lleno en sus pensamientos, mientras el aire frío rozaba sus mejillas. Probablemente no hiciera menos de 18 grados, pero, al estar acostumbrada a un clima cálido, para Estella hacían, al menos 5.
A cada paso que daba, un hecho acudía a ella, y no acontecimientos buenos precisamente.
Se acercaban las fiestas de Navidad, esas con las que, no hace mucho tiempo, solía disfrutar, reír, soñar. Recuerda el día en el que se enteró de esa pequeña mentirita que todos descubrimos previa a la adolescencia, o si eres Estella, serías la última en descubrirlo.
¡Cómo lloró ese día! Esa chica inocente sentada en el borde de su antigua cama mientras su madre intentaba consolarla. Desde ese día, la Navidad para ella ha sido totalmente diferente, incluso, me arriesgaría a decir, decepcionante.
No había sido un buen año, sobre todo por las peleas en casa. Selectividad, viaje de estudios en verano.. Solo una cosa hizo que su vida diera un giro de 360°, ya os podréis imaginar qué.
Hacía 2 años que habían mantenido su primer encuentro. Se conocían de toda la vida, pero nunca habían tenido más conversación que un “¡Hola!” o un “¿Qué tal todo?”. Estaba enamorada de él, y él de ella, sin ni siquiera saberlo. Y sí, durante este año, Estella se había preguntado mil veces “¿Qué hubiera pasado si esto hubiera seguido la primera vez?” Quizás todo sería diferente ahora, aunque no se arrepiente de nada.
El tiempo pasa y, en poco tiempo, hará un año junto a él.
Un año lleno de sorpresas, de ilusiones, de cambios. Pero de una cosa estaba segura, había hecho la mejor elección de su vida. Pasar el resto de su vida junto a él.
Llega la Navidad, y en Navidad nada puede salir mal. Pasarla junto a él la hacía inmensamente feliz.
Los milagros navideños existen. El de Estella se acababa de cumplir.
Raquel Coello.

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